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LA PARADOJA DE CAMBIAR.

Actualizado: 13 abr 2022

¿Qué implica realmente la transformación? Me puede encantar esa palabra porque refleja todo lo contrario a lo que significa cambiar. Cuando una persona “cambia” no necesariamente es de forma positiva, sana o por un verdadero aprendizaje. Unx puede cambiar de zapatos, de carrera, de casa o de país, sin que necesariamente se modifique pensamientos o formas de ver la vida.


En los pasados años he observado y experimentado la imposición de tener que cambiar tiempos, amistades y lugares por diversos eventos; algunos más caóticos que otros. Yo pensaba que cuando a unx le ocurrían cierto tipo de estímulos, existía por añadidura un ajuste personal a ellos para poder sobrevivir, como la naturaleza nos lo indica. Ahora veo, que tal vez, por este concepto erróneo que tenemos de “cambiar” y no de transformarnos, es que se empieza a optar por algo no necesariamente sano o que implique un beneficio para ti y lxs que te rodean.


Tal vez este trabajo tan duro y difícil de adaptación no lo logramos entender, porque creemos que la única forma de hacer eso es dejar unas cosas y adquirir otras, por seguir creyendo que cambiar de cosas es lo mismo que cambiar de pensamientos y claro que eso no nos va a gustar. ¿Qué sucedería entonces si pensamos en la modificación como una mutación de nuestro ser, en lugar de pensar que tenemos que estamos adquiriendo o dejando, sino que en este constante movimiento, todo es meramente conceptual y no personal?


Es decir, aquello a lo que nosotrxs le estamos depositando valor y que por ello, nos aferramos a no querer que las cosas sean distintas y por ende a que nosotros no podamos trascender y seguir adelante, es solamente por una decisión propia que ha implicado muchas veces un dolor insoportable y una barrera de poder ver las maravillas que el movimiento nos ofrece.


Es humano aferrarnos a lugares, momentos, cosas o personas, sin embargo, eso también viene de un concepto erróneo de estabilidad o balance, para poder decir que así vivimos bien. Sin darnos cuenta que por esta falsa idea de que todo puede estar bajo nuestro control en esta incontrolable vida, nos estamos dirigiendo de ojos cerrados a un mundo lleno de dolor e insatisfacción.

De ahí, que cuando nos vemos forzadxs a "cambiar" lo único que va a suceder es que a regañadientes y con un látigo en la espalda por el difícil sacrificio, cambiaremos de lugares, cosas, personas o momentos. No nosotrxs.


¿Y qué implica eso? Un ciclo interminable de estar cambiando todo, menos a nosotros, continuando aferrados a la misma mediocridad de seguir siendo iguales.

Es ahí cuando ese concepto que tenemos se equivoca, de creer que cuando sucede algo, pareciera que es en nuestra contra y que no tendríamos por qué involucrarnos en ese proceso, sino "dejar ir". No es de una cosa que ya no existe, no es de una persona que se va, es de nosotros y de cómo vamos a empezar ahora a depositarle valor a otro tipo de cosas que nos van a empezar a llenar de la misma forma en la que lo hacían aquellas que ya no están. Y seguir adelante.


Incorporando en este aspecto de los cambios físicos a las transformaciones emocionales y mentales de nosotros mismos, vamos a entender que la vida jamás nos va a dejar tranquilos. Que esa sensación de control y tranquilidad es una falsa creencia. Si en cuestión de segundos, todo se modifica, ¿cuándo aprenderemos a modificarnos a nosotros mismos con ese mismo ritmo?


“Es más fácil señalar que las cosas no tendrían por qué haber sucedido, que aprender y pensar ¿con esto cómo puedo ser mejor?.” Clara Acevedo.

 
 
 

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